Escuelas Antes & Ahora: La Famosa & Olvidada Letra Cursiva

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Alumnos enfrente de sus computadoras y alumnos escribiendo en cuadernos.

Tantas planas de letra cursiva para nada. Pero, ¿cómo hubiera sido nuestra infancia escolar en esta era?

Ayer tuve una reunión con toda mi familia, ya saben, esas reuniones en las que todo mundo habla de lo mucho que nos hemos perdido con el paso de los años. En esta reunión me topé con la más pequeña de mis sobrinas, de solo 7 años. Me imaginé que tal vez la brecha generacional iba a ser muy grande. Me pregunté ¿cómo se interactúa hoy en día con estas criaturas?

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Me sentí como si fuera toda una abuela al hablar con ella. Yo que alguna vez creí que mis papás eran bastante extraños cuando me preguntaban tres veces cómo mandar un mensaje. O cuando me preguntan qué significa “Lol”. Me río cada vez que mis papás le dicen “Wi-Five” al internet. Y me encanta que se tardan años en escribir un mensaje para solo responder “ok”.

En esta ocasión me tocó a mí, y no me pareció nada gracioso ahora que mi sobrina se burla de que no sé utilizar SnapChat, ni sé quiénes son Dan & Phil, o cuál es la súper aplicación de karaoke “Musicaly”. Le tuve que preguntar una serie de cosas, como si fuéramos de un planeta diferente para poder comprender su mundo y poder compararlo con el mío. A sus cortos 7 años mi sobrina ya sabe de programación y lenguaje HTML. Mientras avanzaba la plática, le pregunté: ¿todavía existe la letra cursiva?

Imagen mostrando cómo eran las escuelas antes con niños en un salón escribiendo
CREDITO: 5TO C

En ese momento, todos mis otros sobrinos escucharon y se echaron a reír. Me dieron diversas respuestas, como si fueran diferentes versiones de un mito: “Alguna vez vi escrita esa letra e intenté imitarla para una carta”. “No, nunca he entregado tarea a mano”. “Es bonita, como la de las películas”.

Se me hizo curioso que esa fuera su perspectiva, algo tan lejano a mi realidad de niña y de cómo eran las escuelas antes de la tecnología. En aquel entonces, los años 90 (ya sé, soy joven, pero al parecer no tanto), mi maestra me hacía escribir planas enteras con mi nombre y la fecha en letra cursiva. Además, si tenía un errorcito en algún número de la fecha, tenía que repetirla toda.

Me parecía absurdo tener que poner el número completo con letra y aparte tener que poner “a diez de enero”, tengo que decir que la “A” era la letra más multiplicada por muchas veces, de una forma muy innecesaria. Además, me estresaba no contar con un lápiz correcto, pues los que vivimos esta época sabíamos que no era lo mismo un lápiz del número 2 que del 1. Hacía toda la diferencia en nuestra pobre y cansada manita.

Copia realizada por un niño con autismo gracias al trabajo en equipo se logran excelente resultados #copia #letracursiva

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Ahora los niños van a la escuela y toman una foto. ¡Una solo foto a todo el pizarrón! Es más, los profesores les dejan subir la tarea en Google Drive y les mandan las presentaciones completas en pdf. Los niños de hoy están más que consentidos.

Seguí preguntándoles a mis sobrinos y contándoles mi nostalgia de tener que haber perdido tanto tiempo de mi niñez perfeccionando mi letra cursiva (la que lamentablemente solo uso cuando firmo recibos por mi tarjeta…sí, en verdad solo para eso). Pero entonces mis sobrinos me dijeron algo muy lindo que me hizo volver a estar conectada a una misma era. Me dijeron que les dan una “tarjeta amarilla” cada vez que suben a las redes sociales una foto con su uniforme, porque es una mala representación de la escuela.

Esto me sorprendió porque, a pesar de que yo no tenía Facebook en la primaria, sí tenía esas famosas tarjetas. Mi profesor de Historia nos sacaba una tarjeta amarilla para “llamarnos la atención” y luego la roja cuando quería que nos saliéramos del salón. Fue entonces que recordé perfectamente cómo eran las escuelas antes, esa sensación de humillación cuando me tenía que sentar afuera a esperar a que terminara la clase, mientras todos se reían de mí. A la vez, era divertido cuando alguien hacía travesuras con el profesor. Teníamos esa necesidad de sacar buenas calificaciones, pero de seguir siendo niños. Esto no ha cambiado.

De alguna forma, sigue el estrés, sigue la travesura, la nostalgia y el gran esfuerzo para obtener lo que deseamos. Tal vez lo único que descubrí, fue que los niños de cualquier generación aprecian mucho esa cercanía de los adultos para conocer las nuevas herramientas que ellos manejan.

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Tuve que ver el programa de Dan & Phil para comprender por qué les gusta tanto y hacer un par de videítos en Musicaly, que por cierto están bastante chistosos. A mí me hubiera gustado que mis papás vieran “Hey Arnold” conmigo, aunque no tratara de nada grandioso en específico. Simplemente para tener algo de qué hablar con ellos.

Supongo que somos distintos por la época en que vivimos, pero, aunque muera la letra cursiva, y más tarde ya no exista SnapChat, lo importante será recordar que alguna vez fuimos niños y que no debemos darles la espalda, sea cual sea su forma de comunicarse.

#reunionfamiliar

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